Día 33, 19:00 horas. Invitadas imperiales

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Kaoru
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Dí­a 33, 19:00 horas. Invitadas imperiales

Nota por Kaoru » Mié Abr 02, 2008 12:22 pm

Kakita Arimi y acompañante, Doji Naoko y acompañante, Otomo Hijikohime, Seppun Gôchô, Miya Yoto, Asahina Karin, Miya Nobutoku, Miya Shizuka y otros dignatarios

Miya Shizuka

Una enorme puerta de ornamentada factura aguardaba como último obstáculo hasta la enorme sala reservada en honor a la exquisita recepción que la princesa había decidido organizar. Frente a ella, Shizuka, flanqueada por Miya Nobutoku y Seppun Gôchô, esperaba para dar la bienvenida a todos y cada uno de los ilustres invitados. Dentro, sobre un pequeño altillo que la elevaba ligeramente sobre el resto de comensales, Otomo Hijikohime conversaba animadamente con Miya Yoto y la anciana maestra, Asahina Karin.
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Kakita Arimi

Arimi se había tomado su tiempo para prepararse. Sabía que esa oportunidad sería única para relacionarse con los más altos samurai de la corte y no pensaba desaprovecharla. Se aseó concienzudamente, cepilló su cabello hasta que lo domó en un intrincado moño adornado con un kanzashi de perlas que se derramaban junto a su mejilla. Su piel iba descubierta, orgullosa de su fino cutis sin mácula, apenas un poco de color en sus mejillas habitualmente pálidas.

Su kimono se ceñía a sus formas delgadas como un guante, recogido el abanico bajo el obi y la pequeña cola besando sus talones a cada paso. El celeste brillaba en sus hombros mientras que el dobladillo se había degradado hasta un profundo índigo. Conforme se hacía más oscuro, el paisaje de un cielo nocturno se perfilaba en la tela sedosa.

Apenas unas gotas de perfume de flor de cerezo besaron los lóbulos de sus orejas antes de abandonar su habitación para encontrarse con Nobunaga, espléndidamente vestido.

Cuando ambos entraron en la sala donde aguardaban los anfitriones de aquella cena tras ser anunciados, Arimi se arrodilló en una reverencia ensayada miles de veces, juntó las manos frente a sus rodillas e inclinó la cabeza en señal de respeto.

- Konban wa, samurai-sama. Miya Shizuka-sama, os agradezco el honor que me habéis concedido al asistir a esta cena en tan magna compañía.
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Miya Shizuka

-No soy yo quien os hace el honor sino nuestra princesa, la señora Hijikohime. Podréis agradecérselo personalmente, en breve. Pero antes, Kakita Arimi-san, decidme: ¿quién es vuestro acompañante? Creo no tener el placer de conocerle. - preguntó, dirigiéndose al samurai que acompaña a la bailarina.
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Doji Naoko

Naoko llegó a la antesala acompañada por una joven sirviente de la casa. Decidió que esperaría a su acompañante en la misma, antes cruzar el ornado arco de entrada al salón donde se daban cita los ilustres invitados de la princesa Hijikohime.

La tarde había comenzado pronto para ella. Había preparado todo a conciencia; un maquillaje selecto, las mejores sedas de su baul, algunas perlas y otras joyas. Todo un repertorio de exquisiteces artesanas para un momento especial. Este era uno de esos momentos y no iba a perder la oportunidad de lucirse ante tan importantes personajes de la jerarquía samurai.

Había elegido el azul ultramar como color predominante. La tarde caia y un color como aquel era apropiado para el evento y el horario del mismo. Un kimono homongi largo y de mangas amplias de color azul liso con los brocados en blanco crudo. El obi era estampado, con escenas del tema de "las carpas saltarinas", un detalle apropiado para una actriz como lo era Naoko. Como joyas, perlas de Kyuden Doji brillaban en su níveo cuello y anudaban el recojido tradicional sobre la nuca.

Una de las puertas que llegaban desde los pasillos laterales se abrió...
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Soshi Mishi

Kakita Nobunaga

-Konban wa, Miya Shizuka-sama. Mi nombre es Kakita Nobunaga, un humilde samurai que goza de los sencillos placeres de la vida, como el arte... y honrado por cenar en vuestra presencia.

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Miya Shizuka

-El honor es todo mío, Kakita Nobunaga-san. Permitidme que os presente a mi yojimbô, Miya Nobutoku-san y a su maestro y yojimbô de la princesa, el honorable Seppun Gôchô-san. - contestó, mirando alternativamente a Nobunaga y Arimi.
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Kakita Arimi

Arimi se inclinó de nuevo en sutil reverencia, maldiciéndose por haber escogido no del todo apropiadamente su primera presentación.

- Hajimemashite, Miya Nobotoku-sama, Seppun Gôchô-sama...
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Soshi Mishi

Kakita Nobunaga

-Es un honor y un placer al mismo tiempo
-comentó con una sonrisa el Kakita, mirando a ambos bushi alternativamente - he pasado alguna vez por Otosan Uchi, y siempre me ha intrigado la cantidad de arte que se celebra allí. ¿Habéis visitado a menudo la capital? - preguntó a los tres Imperiales.
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Miya Shizuka

-He pasado toda mi vida entre el castillo de mi padre, Shiro Miya y el Templo del Sol de la Mañana. - contestó la shugenja. -He visitado Otosan Uchi en contadas ocasiones.
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Soshi Mishi

Los presentados se inclinaron hacia los invitados al escuchar sus nombres. Seppun Gôchô parecía algo desconcertado, pálido, mientras que Miya Nobutoku estaba afable pero manteniendo las formas, dando conversación ligera.

-No sé si en Kyuden Asahina serán habituales los despliegues artísticos, pues nunca he conocido que hayan ido artistas Kakita. Pero en esta Corte de Invierno podréis disfrutar de los mejores. Es la razón de la nutrida comitiva Grulla: pude convencer a Doji Hoturi-sama para traer a un elenco variado y de élite. ¿Os atrae algún arte más que otro, Miya Shizuka-sama? - preguntó Nobunaga.
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Miya Shizuka

La imperial observó al parlanchín Grulla sin demasiado interés. La importunaba que no supiera darse cuenta de que le estaba robando el protagonismo a Kakita Arimi, pues ella era la invitada y él sólo su acompañante.

-Me placen todas cuando se ejecutan con maestría y buen gusto. No debéis olvidar que los fetiches Asahina son también una forma de arte. Pero dôzo, entrad. La princesa os espera. - terminó diciendo mientras tomaba nota mental de ambos Grulla.
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Kakita Arimi

- Arigato gozaimasu, Miya Shizuka-sama.

Hizo una pequeña reverencia, que no retrasara el curso que marcaba la shugenja, y se dispuso a seguirla, con los nervios revoloteando en el estómago.
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Miya Shizuka

La Miya asintió con una leve sonrisa y se dirigió a Naoko.

-Bienhallada, Doji Naoko-san. Hajimemashite. - la saludó, cordial.
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Kakita Saori

Saori aguardaba al lado de Naoko, ligeramente apartada, tratando de no caer en el mismo error que Nobunaga.
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Soshi Mishi

Ya habían entrado todos los invitados a la prestigiosa cena, repartiéndose por su situación en el escalafón del Orden Celestial, aunque con alguna pequeña salvedad. La princesa trataba dar aire fresco y si bien los modales eran exquisitos, se permitía un toque informal.
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Kakita Arimi

- OUT -

Mishi-sama, ¿podrías indicarnos la colocación de los invitados o estamos en plan revoltillo?
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Doji Naoko

Naoko junto a su ilustre invitada respondió al saludo de Shizuka educadamente. - Hajimemashite excelente Miya Shizuka-sama. Es un placer poder disfrutar de esta velada con vos.

Seguidamente saludó con diligencia a todos los presentes.
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Soshi Mishi

Out:

Disposición de los invitados de la cena, cortesía de Miya Shizuka

La princesa está sobre una tarima de un palmo. Hablar de forma educada se puede con los dos más próximos y los dos siguientes.
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Miya Shizuka

Shizuka observa en silencio mientras los sirvientes servían prestos decenas de surtidos platos de entrantes basados en recetas tradicionales de la provincia. Durante un impás, en tono confidencial, se inclinó acercándose a la princesa y murmuró unas palabras.

-Kakita Arimi es bailarina y Doji Naoko actriz; sus acompañantes son Kakita Nobunaga, crítico de arte; y Kakita Saori, una conocida duelista.
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Soshi Mishi

-Una actriz... ¿es buena? Me gustan las obras de teatro: en Otosan Uchi asisto a todas las que puedo, ya sea con mi primo o con mis amigos Otomo - dijo en voz baja y tapándose los labios con su decorado abanico.
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Miya Shizuka

-Debe serlo habiendo asistido a la Escuela Kakita. Además lo lleva en su sangre; tengo entendido que su madre era una hábil actriz Escorpión. ¿Queréis verla actuar, princesa? - le susurró Shizuka sin hacer uso de abanico alguno.
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Soshi Mishi

-Hai, a ella y a la compañía del Cisne Dorado. Sólo han llevado a cabo una representación - sus labios formaron un puchero - y nunca les he podido ver en la capital, a pesar de su fama. De hecho... - un súbito brillo cruzó sus ojos.
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Miya Shizuka

-Hace algunas noches fue asesinado un importante samurai Escorpión. Su nombre era Yogo Sago; vos le conocíais, era un hombre próximo a mi señor. - explicó calmadamente. -Estoy segura que la Compañía del Cisne Dorado tenía prevista alguna actuación en vuestro honor y tuvo que posponerla muy a su pesar, debido a tan trágico acontecimiento. Ellos, como todos, os aman de veras; no hay ofensa en guardar luto por un samurai valiente. Pronto la veréis en todo su esplendor. - terminó de contarle con voz suave y armónica.
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Soshi Mishi

-Tienes razón: cancelarían la obra por la muerte de ese Yogo Sago. ¿Era un shugenja que trabajaba para Yoto-sama? En ese caso debería consultar contigo de asuntos mágicos, y así todo queda en familia.
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Doji Naoko

La joven Doji dirigió una cálida mirada sonriente hacia su invitada y compañera de clan, la honorable kakita Saori, antes de fijar su atención en Shiba Konomi y mostrarse sonriente, deacuerdo con la etiqueta exigida.

- Shiba Konomi-sama. Tengo que felicitaros por la excepcionalidad en la preparación de esta destacada corte. Es un placer poder disfrutar de vuestra hospitalidad. Comentó después de saludarla adecuadamente.
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Kakita Saori

Saori permanecía callada en tan magna compañía. Dispuesta en su carácter frío y distante, se contentaba con responder sólo cuando le preguntaban, tratando de no interferir en los duelos cortesanos que de bien seguro empezarían a forjarse en esa mesa. La premisa era no destacar.
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Soshi Mishi

-Os agradezco el cumplido - dijo la sonriente Konomi - sois muy amable. Nos esforzamos en que todo el mundo se encuentre a gusto. Y gran parte de la excelencia se debe a los ilustres invitados.
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Miya Shizuka

Shizuka asintió ante las palabras de Hijikohime, sin hacer ningún comentario al respecto, volviendo a concentrarse en los rostros de los invitados en su silencioso -y pormenorizado- análisis de todos y cada uno de ellos.
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Doji Naoko

- No es de extrañar que en tan agradable lugar se den cita tan relevantes personalidades, Shiba Konomi-sama. Se explicó inicalmente la muchacha Doji. - De igual forma agradezco el cumplido, al menos en la parte que me corresponde. Terminó de manera sonriente, rozando una mueca risueña.

Al finalizar tomó la taza de te y dirigió su miada hacia su invitada, asegurándose de su comodidad.
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Kakita Saori

Saori sonrió ligeramente, dando a entender que todo iba bien.
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Soshi Mishi

Shiba Konomi

-Desde luego, Doji Naoko-san. He escuchado que habéis actuado en el teatro Monitakeru. Hace unos cuantos años yo también acudí a él, en calidad de espectadora.
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Soshi Mishi

Shiba Shomokobe

El daymio se giró hacia Saori.

-Sumimasen, Kakita Saori-san. Vos sois la duelista portadora de Haru-no -Ken, ¿neh? - parecía un hombre educado pero bastante directo.
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Doji Naoko

Naoko sonrió encantada ante el comentario de la mujer Fénix. - El teatro Monitakeru simboliza mucho para mi, Shiba Konomi-sama. Allí fue donde emprendí mi propio camino. Comentó orgullosa. - La última vez que tuve el honor de actuar sobre su ornado tatami fue hace un año. Era una obra modesta, aunque de una calidad enorme. ¿Que obra disfrutasteis alli, Shiba Konomi-sama?. Preguntó para finalizar.
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Soshi Mishi

Shiba Konomi

-Fue hace algo más de tiempo, Doji Naoko-san. Estuve hablando con vuestra madre: una persona muy agradable e interesante - la esposa del daymio remarcó ambas palabras.
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Kakita Saori

Saori miró al señor de Kyuden Ippôyakku y con humildad asintió.

-Soy deudora de ese honor, daimyo-sama.
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Doji Naoko

Naoko sonrió. Esa no era la sensación que le inundó realmente, pero si algo sabía hacer era actuar.

- Mi madre es una mujer notable, su nombre junto al mio me colma de honor. Admitió orgullosa la joven Grulla. - Doji Hoyokohime-sama me habló de vos, sus palabras siempre fueron dulces, como el rumor de los arroyos en las verdes llanuras. Afirmó sonriendo.
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Soshi Mishi

Shiba Shomokobe

-En ese caso me gustaría que cruzáramos nuestras armas en un entrenamiento. El día 36 a la mañana, si no os reclaman otras obligaciones - sugirió con una sonrisa.
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Kakita Saori

La duelista asintió.

-Ése será otro gran honor, mi señor. - se limitó a responder.
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Kakita Arimi

Arimi miró de reojo a Saori y a Naoko. Parecían desenvueltas con los Fénix, y la bailarina desvió de nuevo su mirada hacia el apuesto capitán de la guardia de la princesa. No sabía cómo entablar muy bien la conversación, así que optó por lo único que habían tenido hasta entonces en común.

- Seppun Gôchô-sama, permitidme que os agradezca vuestra presencia en el pequeño evento de danza que tuve el honor de preparar hace unos días, aunque os debierais más a vuestra obligación para con la princesa que quizá a una posible distracción. ¿Sois aficionado al arte?
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Soshi Mishi

Shiba Konomi

-Sois muy amable. Ella era una gran oradora, y una experta en retórica. Si os ha concedido la mitad de la suya no me cabe duda que destacaréis en la Corte de Invierno - adujo la esposa del daymio con una sonrisa.
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Soshi Mishi

Seppun Gôcho

El rostro del yojimbo revelaba que se encontraba algo cansado, como por haber sufrido una enfermedad hacía poco o una dolorosa noticia.

-He de decir que fue una notable actuación la vuestra, Kakita Arimi-san. Y he de afirmar que he visto el suficiente arte como para poder apreciarlo en buena medida.
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Kakita Arimi

Arimi sonrió tras hacer una leve inclinación de cabeza. Sus ojos grises se mantenían sobre el rostro del guardia, pudorosos. Algo le decía esa tez que parecía de terciopelo sólo con mirarla, algo poco agradable quizá incluso doloroso. Pero ella no podía preguntar. No todavía.

- Os agradezco vuestras palabras, sama, y si cumplí con mi deber al complaceros entonces os debo agradecer doblemente vuestra asistencia. Siempre es grato conversar con alguien entendido. ¿Podría preguntaros cuál es vuestra disciplina preferida?
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Doji Naoko

Naoko sonrió delicada ante el cumplido de la esposa del daimyo. - Dômo Shiba Konomi-sama, vuestras bellas palabras son un reflejo de vuestro bello espíritu. Estoy honrada de haber podido conoceros. Alegó con cortesía y un toque de dulzura.
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Soshi Mishi

Seppun Gôchô

-Bueno, Kakita Arimi-san, lo que más me estimula es la poesía, seguramente. No requiere trabajo previo, sino un rapto de inspiración, como un monje que adquiese la compresión de un detalle del universo. Porque no apruebo la falsa inspiración. Después... considero la danza un arte excelente.
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Soshi Mishi

Shiba Konomi

La anfitriona sonrió antes de responder.

-Creo que ambas tenemos mucho de que hablar, Doji Naoko-san. Me complacerá hacerlo tras la primera prueba de la Gesta.
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Kakita Arimi

Arimi frunció el ceño pensativa, antes de beber un poco de sake y volver a mirar al Seppun. Esperaba que el rubor no se aferrara a sus mejillas.

- La poesía y la danza son realmente excelsas, en eso estoy de acuerdo con vos... salvo en un pequeño detalle. Incluso el haiku más espontáneo o el romance mas repentino requieren un trabajo previo durante años... Es precisamente ese trabajo, ese estudio de las palabras que adornan nuestro bello idioma el que permite disfrutar de un momento de inspiración. Esta acude sólo a sus estudiantes más perseverantes.

Sonrió, aunque por un momento dudó acerca de si hacía bien contradiciendo al capitán de la princesa.

- La falsa inspiración, en cambio, es de lo que se valen aquellos que no se han esforzado durante sus años de estudio. Como no lo han hecho, la verdadera musa nunca se posará en su hombro, y dará a sus actuaciones un toque de barniz cuarteado. En cualquier caso, creo que muy pocos artesanos actuarían si no estuvieran inspirados. Falsear el arte es algo... terrible. Sobre todo cuando es la ocupación de tus días.
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Soshi Mishi

Seppun Gôchô

-Entre los participantes de la Gesta encontraréis gente poco ducha en el arte, así que no os sorprendáis de que alguno de ellos recite un fragmente de una obra de Rezan el poeta - comentó el miharu, con una media sonrisa.
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Kakita Arimi

La delicada mano de la joven voló hasta sus labios para ocultar una risa suave, estimulada por las palabras del capitán.

- Mientras no se lo atribuyera entre aspavientos de falsa modestia... Pero de una cosa estoy segura: al menos una persona se percataría de su falta de tacto.

Arimi dejó caer suavemente la mano, de nuevo sobre la seda de su kimono, y sonrió cortésmente.
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Soshi Mishi

Seppun Gôchô

-Tres personas - confesó Gôchô - Miya Shizuka-sama, vos y yo. A ella nunca se le escapa nada - afirmó con convencimiento.
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Kakita Arimi

Arimi esbozó una sonrisa de disculpa y alzó las manos al tiempo que dibujaba una excusa.

- Oh, disculpadme si no la incluí a ella; no era mi intención no tenerla en cuenta. Supongo que no he tenido oportunidad de tratar demasiado con Miya Shizuka-sama, pero parece una honorable y competente asistente de la princesa.
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Soshi Mishi

Seppun Gôchô

-No sólo eso - dijo en tono confidencial - la princesa sólo se rodea de la gente más capaz, y desde luego que Miya Shizuka-sama es tan capaz como el mejor de los cortesanos Otomo.
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Kakita Arimi

Asintió, diciéndose a sí misma que debía retener estas palabras del capitán. Desde luego, intentaría no meterse en el camino de la Miya, aunque esperaba que sus trayectorias no se cruzaran.

- La tenéis en alta estima, y estoy convencida de que ha de ser tal y como decís o no tendríais esa opinión. Espero no tener ninguna incidencia desagradable con ella, pues si la comparáis de esa manera, me vería en dificultades.

Sonrió restándole importancia al comentario.
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Miya Shizuka

Súbitamente, Shizuka lanzó una mirada aprobadora a la princesa. Sabía que Hijikohime estaba ansiosa por detallar el próximo evento de su campeonato y resultaba en balde hacerla esperar.

-Minna-sama, creo que ha llegado el momento de desvelar parte del misterio de este encuentro. - dijo calmadamente la Miya, con un leve matiz en su voz.
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Kakita Arimi

Arimi sonrió al Capitán con cortesía antes de apartar su atención y su mirada de él para fijarlas en la shugenja Miya. Sus palabras al fin parecían dispuestas a desvelar todos (o casi) los motivos que habían fundamentado aquella cena. Sus ojos grises se posaron sobre ella tranquilamente, intentando no resultar demasiado ansiosos.
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Doji Naoko

Naoko sonrió a Shiba Konomi cordialmente. - Será un placer. Respondió de inmediato, concluyendo así la cercana conversación que habían mantenido momentos antes.

Cuando la preciosa Miya comenzó a hablar desvió su atención hacia las anfitrionas, sonriendo gentil...
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Miya Shizuka

Shizuka levantó una mano de forma grácil, justo a tiempo para señalar un extraño tapiz colgado en la pared. Paredes y muros, torres, ventanas, roca gris en sumo; representaba una suerte de ceremonia en un castillo lejano de corte exótico. Las gentes parecían alteradas, impregnadas por una dignidad que se intuía en la estampa; en el centro, una preciosa dama de noble linaje y un hombre con llamativas y abigarradas ropas cantándole las gracias. Era sin duda una pieza gaijin.

-Decidme, Kakita Arimi-san; ¿qué veis en esa obra? - preguntó, fijando por primera vez su escrutadora mirada en los ojos de la bailarina. -¿Y vos, Doji Naoko-san? ¿Observáis acaso algo distinto a vuestra compañera de clan? - añadió, con misterioso tino.
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Kakita Saori

Saori observaba el cuadro en silencio. Las palabras de la imperial eran amables pero parecían cargadas de una profundidad, un sentido, que llegaba a asustar. Pensaba en sus compañeras de clan, y en el enigma que les había propuesto esa joven pero intimidatoria mujer. "Por Benten que no me gustaría estar en su lugar..."
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Kakita Arimi

Arimi sintió un escalofrío recorrer su espalda cuando la Miya se dirigió a ella con su habitual elegancia y dignidad. Sin duda, su sola presencia imponía respeto.

Los ojos grises de la Grulla se posaron sobre el delicado tapiz y estudiaron las formas representadas por los hilos entretejidos.

- Una pieza maravillosa, Miya Shizuka-sama. Me temo que tendré que arriesgar - inspiró profundamente antes de continuar -. Esas construcciones que aparecen reflejadas no parecen pertenecer a nuestro hermoso Imperio. Quizá sean tierras lejanas, más allá de las Arenas Ardientes. El glorioso clan del Unicornio las conoció y exploró durante muchos años... ¿Quizá pueda ser algún homenaje a la Dama Shinjo, producido en aquellos lustros cabalgando por lo desconocido?

Arimi hizo una leve inclinación de cabeza y miró por el rabillo del ojo a Naoko. Si se había equivocado, esta sería la ocasión que ella mejor aprovecharía para sí misma.
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Miya Shizuka

Shizuka asintió ligeramente para terminar mudando toda su atención en la actriz.
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Doji Naoko

Naoko escuchó atenta la respuesta de su compañera. Al fin y al cabo sus visiones sobre el mismo tema eran similares, ambas habían compartido escuela y maestros.

Al finalizar y tras la mirada de Shizuka, que de alguna forma daba paso a su explicación, habló. - Mis ojos os podrían decir que se trata de un tapiz gaijin, que relata una ceremonia extrangera, con una dama presidiendo la misma, de eso estoy segura. Sobre la lectura de la imagen... podría tratarse de una ceremonia donde una importante mujer da comienzo a un festejo o algo parecido... quizá sea una princesa, podría ser un espejo de nuestra cultura, pero a "su" forma. Aclaró ese "su" con deje, escapando, o quizá no tanto, su caracter elitista de corte cultural. Igualmente su rostro era sonriente y cortés, desde el principio de la explicación hasta su conclusión.

Después observó la respuesta.
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Miya Shizuka

Un largo silencio se adueñó de la enorme y abigarrada estancia. Shizuka permanecía con rostro inexcrutable, sopesando el tino de las palabras de las Grulla, dispuesta a juzgar en su mente si eran merecedoras de la bendición.

Finalmente miró durante un instante a Miya Yoto y asintió, justo ante de tomar nuevamente la palabra.

-El tapiz es un retrato del pasado: Shinjo-kami, como bien se ha aventurado Kakita Arimi-san, orquestrando sus órdenes por medio de su servidor: Su Voz.

La Miya hablaba tranquilamente, con voz queda, con un tono bajo y armonioso que sin quererlo conseguía calar en los corazones de los presentes. -También es una imagen de futuro, pues su excelencia, Otomo Hijikohime-sama, en sus Juegos, requiere que alguien ejerza Sus Palabras. El Imperio requiere un nuevo héroe que recordar, la princesa necesita un heraldo. ¿Alguna de vosotras se considera digna de ello? - terminó la imperial, devolviendo la mirada a las jóvenes.
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Kakita Arimi

Una suave respiración se escapó entre los labios de la bailarina. Aquella oportunidad sólo se presentaba una vez en la vida, y ahora casi podía rozar con los dedos un destino envidiable. La reverencia que flexionó su cintura fue el fruto de los años de entrenamiento: grácil, honesta, elegante. Inclinada en actitud respetuosa pero digna, sus palabras brotaron fluídas y cristalinas, como un estanque de montaña. Sin doblez, puro y límpido.

- El que nos hayáis considerado para tan magnífico honor ya nos honra y nos llena de la dignidad que impregna todos los actos y decisiones de la Princesa Otomo Hijikohime-sama. Vos, Miya Shizuka-sama, habéis transmitido su ofrecimiento con tal honor que no puedo sino sentirme agradecida y deciros que no se puede estimar en su justa medida vuestra consideración, tal es la dicha y el orgullo que provoca en mi corazón.

Tras decir esto, se alzó lentamente mientras cruzaba las manos por delante, manteniendo la mirada sobre el rostro de la Miya pero sin que en ella se trasluciera soberbia o impertinencia; más bien cierta timidez ante la magnitud del evento.

-La dignidad que acompaña cada palabra que pronuncia la Princesa Otomo Hijikohime-sama es tal que sería difícil reproducirla sin esfuerzo. Sin embargo, sabed que tendréis en mí a una servidora dispuesta y obediente. Si es su voluntad, haréis de mí una samurai-ko plena. Si por el contrario es mi hermana, Doji Naoko-sama quien resulta de vuestra preferencia, sabed que mi dicha no será menor, pues mi clan se verá igualmente honrado por las atenciones de la casa real.

Dicho esto, una leve sonrisa asomó a sus labios. Esperaba haber conseguido transmitir todo lo que sentía en ese momento de la mejor manera posible.
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Miya Shizuka

Mientras las corteses palabras de Kakita Arimi se apagaban ya mortecinas envueltas en los ecos de la gran estancia, un sepulcral silencio vencía la batalla de voces, imponiendo orgulloso su amenazadora presencia. Por primera vez en toda la noche, podía verse a Miya Shizuka sonreír, misteriosa.

-¿Doji Naoko-san?
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Doji Naoko

Naoko asintió sonriente a las palabras de su compañera Kakita Arimi. Con los ojos entrecerrados y con gesto de disfrute saboreó cada una de las palabras que recorrían la estancia.

Cuando el silencio se hizo dueño del salón y su nombre lo rompió, dirigió su mirada serena y educada hacia su interlocutora, la bella Shizuka. Tras asentir a su cordial llamamiento comenzó a hablar...

- Los reconocimientos son para ilustres personajes, pero solo destacan si el juicio de sus espectadores deciden reconocerlos. Inició, enigmática, su alegato. - Así os puedo afirmar rotundamente que me siento envuelta en gozo y honor al poder disfrutar de la compañía de tan ilustres personajes en esta cena. Ser de la flor más bella y lustrosa del Imperio un pequeño pétalo es el deseo más inconmensurable de cualquier samurai que busque honrar a sus ancestros, y yo no soy diferente. Prosigió sin variar su gesto sonriente y protocolario. - Si así fuera, ser un pétalo sería el reconocimiento más grande que cualquiera podría brindar a una samurai-ko como yo, Miya Shizuka-sama. Finalizó haciendo una reverencia gentil y cortés.
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Miya Shizuka

La imperial asintió ligeramente.

-¿Juzgáis a vuestra compañera tan digna del honor como a vos misma, Doji Naoko-san? - preguntó sin, aparentemente, darle demasiada importancia a la cuestión.
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Doji Naoko

La actriz observó de reojo a su compañera un solo instante, para rápido responder a la pregunta con serenidad...

- Así lo creo Miya Shizuka-sama. Alegó sin más dilación. - He podido apreciar su arte y su rectitud con el código. Sería un honor para mi, y para muchos otros, que una compañera como Kakita Arimi-sama recibiera tal reconocimiento. Finalizó con gesto risueño.
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Miya Shizuka

La imperial se levantó de su cómodo asiento sin dejar de observar con un esbozo de sonrisa a ambas Grulla.

-Como pensaba, Kakita Arimi-san opina que Doji Naoko-san es alguien totalmente digno; mientras Doji Naoko-san se muestra orgullosa de que su compañera pueda ser designada para la ocasión. Por eso entiendo que durante la Gesta serán ambas: Kakita Arimi y Doji Naoko, quienes compartirán tan gran responsabilidad. - explicó la consejera con parsimonia. -Una vez haya concluído el Campeonato en honor a la princesa y la Corte, una de las dos nos acompañará a Otosan Uchi, la capital imperial, para servir directamente a los nobles designios de Otomo Hijikohime-sama, sobrina del Hijo de los Cielos. - concluyó con su melodiosa voz impregnando de dignidad la atestada sala.
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Kakita Arimi

La reverencia que nació del cuerpo de la bailarina se hizo tan grácil como cualquiera de sus pasos de danza.

- Miya Shizuka-sama, os agradezco sobremanera vuestra confianza y consideración. La Grulla se verá honrada por los designios de la Princesa y será una ocasión excepcional para servirla con obediencia y dignidad.
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Doji Naoko

Naoko acompañó la delicada reverencia de su compañera con otro gesto cortés y sutil.

- Reafirmo las palabras de Kakita Arimi-sama. Es un honor mi señora. Repuso con gentileza.
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Miya Shizuka

La Miya asintió complacida justo antes de volver a sentarse ceremonialmente.

-En ese caso, samurai-sama, sabed que en la primera de las pruebas en honor de Nuestra Señora serán ya requeridas vuestras dotes. - explicó. -Vuestra destreza como oradoras será puesta a prueba mediante esta acción. - terminó mientras ejecutaba un gracil gesto a dos de sus sirvientas quienes, raudas, entregaban un sobre idéntico a cada una de las damas Grulla.
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Doji Naoko

Naoko lo tomó sonriente, cortés. Allí acababa aquella fracción de tensión dentro del evento, al menos asi lo esperaba la joven Grulla.

Girando hacia su compañera, Kakita Arimi, hizo una leve inclinación con la testa.

- Dômo arigatô por tus palabras Kakita Arimi-sama. Están en equilibrio con mis deseos para vos. Que las Fortunas os ayuden compañera. Afirmó con el gesto más educado y protocolario posible, aunque con un aura de honestidad en sus palabras.
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Kakita Arimi

El tacto del papel entre sus manos hizo que la bailarina tomara ya completa consciencia de que lo que estaba ocurriendo era real y no una fascinación. Observó el sobre, acariciando el mon con las yemas de los dedos, y cuando su compañera habló, los ojos de la Grulla se posaron en ella, sonrientes.

- Que las Fortunas nos ayuden a ambas, Doji Naoko-san. Seréis la más digna de las compañeras y por ello, la más digna de las rivales.
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Miya Shizuka

La imperial lanzó una rápida ojeada a su señor Miya Yoto dando por concluídas sus indicaciones. La cena debía continuar.
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Kakita Arimi
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Nota por Kakita Arimi » Vie Abr 04, 2008 12:44 am

Arimi regresó a su asiento con una sonrisa calma en los labios, y dirigió una mirada significativa a Nobunaga.

Después hablaremos de esto...

Bebió un sorbo de sake, y algo recuperada de la emoción y la sorpresa, se giró hacia el miharu con una amplia sonrisa.

- Ha sido... intenso. Miya Shizuka-sama es capaz de imponer su autoridad sin elevar una palabra sobre otra, una joven dama realmente notable. Y a través de sus habilidades se trasluce la sabiduría de la Princesa, una ayudante como ella no puede sino servir a alguien de gran magnificencia.
La vanidad es el lujo de aquellos que somos realmente perfectos.

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Doji Naoko
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UbicaciónCOLON Teatro Monitakeru, Kyuden Doji.

Nota por Doji Naoko » Lun Abr 21, 2008 1:15 pm

Naoko repasó cada rincón del lugar con su mirada inquisitiva. Había varias cosas que llamaban su atención, pero nada lo hacía más que la mirada de Miya Shizuka y los gestos de Shiba Konomi.

Aquella cena supondría alcanzar algún escalón más dentro del orden social del Imperio, entrar en la comitiva de la propia pincesa Otomo era un sueño hecho realidad, y un gran honor para su familia, y sobre todo para su clan. Estaba muy orgullosa de haber sido propuesta para tan importante ocasión.

********** **********

Con los ojos muy abiertos, sonriente y educada, entornó su mirada hacia la honorable Miya Shizuka y preguntó: - Miya Shizuka-sama, ¿Conoceis las obras tradicionales del teatro Monitakeru?.
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- "Una sombra entre bambalinas"

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Soshi Mishi
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Nota por Soshi Mishi » Lun Abr 21, 2008 5:17 pm

-Cof, cof, cof... - el venerable Miya Yoto comenzó a toser estentóreamente, de una manera que al principio extrañó y después alarmó al resto de los asistentes. Shiba Shomokobe se levantó, atendiendo al anciano.

-Mejor lo llevamos a sus habitaciones - aseguró el daymio - lo siento, pero la cena debe acabar.
"Que Benten os guíe en todas vuestras acciones"

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Kakita Arimi
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Nota por Kakita Arimi » Lun Abr 21, 2008 5:21 pm

Arimi aguardó a que se levantaran los asistentes y se aproximó a su acompañante.

- ¿Creéis que ha sido algo grave, Nobunaga-sama?
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Soshi Mishi
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Nota por Soshi Mishi » Lun Abr 21, 2008 5:32 pm

Kakita Nobunaga

-No lo sé... es un hombre ya muy mayor. Igual se le ha atragantado el hojaldre de los pastelillos rellenos, con algunas migas de esos que eran salados. Mejor nos vamos como si no hubiésemos cenado hoy aquí. Por si los augurios.
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Soshi Mishi
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Nota por Soshi Mishi » Lun Abr 21, 2008 5:33 pm

Oculto:
Out:
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