Día 2, 22:00. Cuando el grajo vuela bajo...

La primera semana en Otosan Uchi
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Bayushi Shun
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Día 2, 22:00. Cuando el grajo vuela bajo...

Nota por Bayushi Shun » Mar Ene 28, 2020 11:30 pm

Sango, Bayushi Shun

Hacía un frío del carajo cuando entré por la puerta del distrito Hojize a Otosan Uchi. Había estado entrenando con mi sensei en el exterior, para disfrute de él porque podía desplegar sus alas son rozsar contra la paresde de un dojo y para pavor de quines nos vieron. En particular un niño peque´ño se echó a llorar al ver al kenku, y su madre me lanzó una mirada asesina a mí, como si yo tuviera algo que ver con el aspecto de mi emplumado maestro. O era una mirada de admiración por mi belleza. O no me lanzó ninguna mirada porque estaba demasiado para cerla bien y demasiado ocupado evitando que mi sensei me diera una paliza de época. Decididamente no me gustaba la idea de recibirla, y más que aprender sus técnicas cada vedz me defendía mejor, cual neko panza arriba. Me di un baño en la casa de baños del distrito y me iba a volver dando un paseo cuando me encontré con una tienda de dulces, y se me ocurrió llevar algunos a Shichan.
"El arte de la guerra se basa en el engaño"
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Yo sin la máscara

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Sango
Heimin
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Re: Día 2, 22:00. Cuando el grajo vuela bajo...

Nota por Sango » Jue Abr 02, 2020 12:39 am

Sango y Shun

Me había perdido. No llevaba mucho tiempo en Otosan Uchi, y siempre me había movido por el día, con la bendición de Dama Sol en el cielo, y con un excelente sentido de la dirección hacia los puestos con las mejores materias primas y aquellas con menos calidad pero precios asequibles... no todo el mundo puede gastarse lo mismo, y aunque mis señores no reparaban en gastos yo debía estar atenta a las necesidades de mucha gente. Pero era de noche, cuando dicen que todos los neko son pardos, aunque de noche más bien no son más que sombras felinas, y eso cuando no están al abrigo de la lumbre. No, los neko de noche son listos. Lo son siempre... pero de noche más. Y yo no era un neko. Y tampoco era la protagonista de un shôjo, pues el hombre que me seguía no era un apuesto genji enamorado locamente de mí, que me llevaría en su ugoku shiro, sino que podía ser aquello el principio de un relato de terror de esos que tanto miedo me daban y que tanto me gustaba escuchar. Temerosa de lo que pudiera pasar entré en una tienda de dulces que estaba todavía abierta. En la cola me sentí segura... ¡pero el hombre que me seguía estaba fuera! ¡No se iba! Y la cola seguía avanzando de manera inmisericorde. Y el hombre seguía fuera. Y me tocó el turno. Y por el rabillo del ojo vi que el hombre seguía fuera. Necesitaba ganar tiempo de alguna manera, y fingí que me costaba elegir.

- Etoo...

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