Día 2, 10:00 El té debe estar caliente

La primera semana en Otosan Uchi
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Otomo Ieyasu
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Día 2, 10:00 El té debe estar caliente

Nota por Otomo Ieyasu » Mar Jun 16, 2020 11:34 pm

Bayushi Shisato, Otomo Ieyasu

Ieyasu disfrutaba del distrito Tsai. Podía ser un lugar vilipendiado por los samurais más rectos y más piadosos de Otosan Uchi, pero el Otomo había visto muchas veces los rostros más o menos ocultos de los clientes y sbía que la hipocresía era notoria y evidente, y no ele extrañaría que los más férreos opositores a un lugar como Tsai eran sus mayores benefactores en horas y servicios facturados. Y no era necesario ser un experto en la capital ni en el comportamiento humano para saber que aquel distrito cumplía un cometido que era tan relevante como el comer y el beber. Los distritos más pupulares eran el Ochiyo, por la afluencia de peregrinos y el trasiego de lo religioso, y después el Tsai, porque el hombre tras estar en presencia de lo divino debe recordar que también son seres carnales.

Por eso Ieyasu escogió ese distrito para reunirse con Shisato. Desde el segundo piso del Manantial del Cerezo, en las habitaciones con ventanas hacia el Oeste de podía ver con total claridad el Palacio Imperial. El próximo desayuno sería mucho más cerca de ese lugar, pero el primer paso es aquel desayuno. Mandó reunir las viandas más exquisitas propias de un desayuno y en lugar de esperar en la habitación decidió esperar abajo, para que no pensasen que tenía una cita clandestina y secreta con una mujer casada con un espadachín. El Otomo prefería conservar su salud.
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Bayushi Shisato
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Re: Día 2, 10:00 El té debe estar caliente

Nota por Bayushi Shisato » Jue Jul 23, 2020 9:31 pm

Me desperté y me moví perezosamente bajo las sábanas, mientras recordaba poco a poco dónde estaba: durmiendo en casa de una buena amiga. La luz que se filtraba por los extremos de la ventana indicaban que no era la primera hora de la mañana, y yo sabía que mi estimada anfitriona para ese momento estaría con las labores para su clan. Eso me permitía poder prepararme sin temor a despertarla, sabiendo que ella no tenía servicio interno. Eso no me preocupó, pues no se me iban a caer los anillos por prepararme yo misma el baño, lo que me permitió tenerlo a la temperatura que me gustaba durante el tiempo que estimase oportuno. Y tras el baño y secarme, llegaba el momento más importante: vestirme. Para la ocasión había escogido un kimono elegante, comprado cuando todavía formaba parte de la familia Yasuki pero me gustaba y no tenía ningún mon ni de clan ni de familia, y el color por su parte tampoco indicaba una filiación. Era llamativo, mas no escandaloso - después de todo era una magistrada de la familia Yasuki - pero había pagado bien por unas modificaciones para según se dispusieran unos lazos de un modo u otro mi kimono tuviera una configuración algo más... reveladora, razón por la que escogí con mimo el obi, el fundoshi y los tabi, para que todos combinasen entre sí, pues no sería improbable que unos elementos u otros quedasen a la vista en un momento dado. Luego llegó el momento del maquillaje, perfilando los ojos para dar una mirada felina y el rojo tan deseable de los labios: para aquello tuve que recurrir a mi estuche portátil de viaje, pues mi amiga no tenía gran variedad en su tocador. Por último me callé unas cómodas geta, tomé mi parasol, y salí para montar en un palanquín que me llevase al lugar de la reunión. Antes de salir me había mirado en el espejo de metal pulido de la casa y estaba satisfecha: podría derretir la piedra y sin usar la alquimia de los Agasha.

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Otomo Ieyasu
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Re: Día 2, 10:00 El té debe estar caliente

Nota por Otomo Ieyasu » Sab Ago 01, 2020 9:34 pm

Ieyasu esperaba en la puerta, clasificando mentalmente a los viandantes, y sospechaba que bajo las máscaras risibles se ocultaban rostros que no tenían nada escorpión, sino que esos trasnochadores intentaban disimular su identidad, y por mucho que los poderes de observación de un seiyaku pudieran descubrir detalles el Otomo no se veía con ganas de pracrticar ese juego. En su mente había asuntos mucho más importantes, puesto que a fin de cuentas no tenía nada malo, sino que estaba reconocido socialmente que un samurai buscase la compañía de una geisha. Ieyasu veía la lógica, pero no se sentía atraído por mantener ese tipo de relación... para eso encontraría una esposa tan formidable que haría innecesaria la presencia en su vida de una geisha. Después de todo estas tenían, en opinión del Otomo, la función de escuchar los problemas de sus clientes, unos problemas que no podian reconocer frente a su mujer. Ieyasu pensaba que ese grado de confianza podía establecerse con otras personas, y que el sexo, la edad o la belleza no eran factores relevantes. Sólo la pertenencia a la casta samurai o monacal.

Y aunque estaba perdido en sus pensamientos y aunque algunas de las mujeres que pasaban eran hermosas, Ieyasu se fijó en ella. Era ablle, era sensual, era elegante y a pesar de la distancia el Otomo percibía su fuerte personalidad. Descendió del palanquín como una reina, como si fuera la dueña del mundo. Eso le llenaba de orgullo y de añoranza. Se acercó un poco para poder susurrarla - Estáiss tan deslumbrante que algunos monjes querrían prohibiros. Ese kimonos sienta tan estupendamente... espero que vangáis con gran apetito...
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